Posteado por: Preludios de Debussy | 19 octubre, 2007

5. Les collines d’Anacapri

LAS COLINAS DE ANACAPRI

La única página de inspiración italiana que podemos encontrar en la obra pianística de Debussy es una pieza intensamente viva y luminosa (Vivo, en si mayor, en 12/8 y 2/4), de una escritura clara, con sus staccato de una sequedad mediterránea. En ella se respira el tomillo, la jara, los olores del monte. Bajo “las vibraciones de un cielo demasiado azul que hiere la incansable animación de una rápida flauta” (Alfred Cortot), “una red de tarantelas encierra la bahía de Nápoles, sus villas y sus grutas. En medio de las danzas endiabladas, se eleva, indolente maravilloso, amoroso, un sencillo canto popular que sugiere todo el ardor, la ternura y la audacia de un ragazzo napolitano” (Marguerite Long). Añadamos nosotros que su melodía (moderato y expresivo) nos recuerda que Nápoles tiene desde hace mucho tiempo estrechas relaciones con España, país cuyo obsesivo recuerdo parece acompañar a Debussy incluso al otro lado del Mediterráneo. La fijeza esférica de la armonía de esta pieza estrictamente monotonal, que nunca se aparta de la tonalidad de si mayor, contrasta vivamente con el refinamiento del preludio anterior; y es que el azul inmaculado del cielo napolitano no admite ni matices no claroscuros armónicos. ¡Qué chirríen las cigarras hasta los deslumbradores pasajes del final!. La intensidad de semejante vibración de la luz no se encuentra en el piano de Debussy más que en La isla feliz.

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